QUÉ ES LA ORACIÓN
La oración es un momento privilegiado. En el silencio y en soledad, venimos a pasar tiempo con Dios que nos espera, venimos a amarle y a dejarnos amar por Él.
"Del corazón humano a la misericordia de Dios"
"La oración es el aliento de la fe, es su expresión más propia. Entra en relación con el Dios del rostro más tierno, que no quiere infundir ningún miedo a los hombres. Dios es el amigo, se puede establecer una relación de confianza con Él.
La oración es de todos y "nace en el corazón". Abre la puerta a Dios, transformando nuestro corazón, tantas veces de piedra, en un corazón humano.
Toda persona necesita un espacio para sí misma, donde pueda cultivar su vida interior, donde las acciones encuentren sentido. Jesús recurre constantemente al poder de la oración.
A veces los seres humanos nos creemos dueños de todo, o por el contrario perdemos toda la autoestima, vamos de un lado a otro.
La oración nos ayuda a encontrar la dimensión adecuada, en relación con Dios, nuestro Padre, y con toda la creación.
Alguien me dijo: "Hablas demasiado de la oración. No es necesario". Sí, es necesario. Porque si no rezamos, no tendremos fuerzas para seguir adelante en la vida. La oración es como el oxígeno de la vida. La oración es atraer sobre nosotros la presencia del Espíritu Santo que siempre nos lleva adelante.
La oración nos ayuda a amar a los demás, a pesar de sus errores y pecados.
Cuando rezamos debemos ser humildes: ésta es la primera actitud para ir a rezar. Voy a rezar, pero Tú, Señor, convierte mi corazón para pedir lo que es conveniente, para pedir lo que será mejor para mi salud espiritual.
Padre nuestro
Padre nuestro que
estás en el cielo, santificado sea tu Nombre, venga a nosotros tu Reino; hágase
tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos
ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
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Ave María
Dios te salve,
María, llena eres de gracia, el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas
las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María,
Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra
muerte. Amén.
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Gloria
Gloria al Padre,
y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en un principio, ahora y siempre, y por
los siglos de los siglos. Amén.
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Credo de los Apóstoles
Creo en Dios
Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra.
Y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor.
Que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo; nació de Santa María
Virgen.
Padeció bajo el poder de Poncio Pilato; fue crucificado, muerto y sepultado.
Descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos.
Subió a los cielos; está sentado a la derecha de Dios Padre todopoderoso.
Desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos.
Creo en el Espíritu Santo.
La Santa Iglesia Católica; la comunión de los Santos.
El perdón de los pecados.
La resurrección de la carne.
La vida perdurable. Amén.
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Credo Niceno-Constantinopolitano
Creo en un solo
Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y
lo invisible.
Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de
todos los siglos. Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero,
engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por Quien todo fue
hecho, que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo, y
por obra del Espíritu Santo se encarnó de María la Virgen, y se hizo hombre; y
por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue
sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y
está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a
vivos y muertos, y su reino no tendrá fin.
Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del
Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que
habló por los profetas.
Creo en la Iglesia, que es Una, Santa, Católica y Apostólica. Confieso que hay
un solo bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los
muertos y la vida del mundo futuro. Amén.
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Salve
Dios te salve,
Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra, Dios te salve.
A ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a ti suspiramos, gimiendo y llorando
en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos
misericordiosos, y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito
de tu vientre. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María!
V. Ruega por nosotros, santa Madre de Dios.
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo.
Amén.
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Acto de contrición
Pésame, Dios mío,
y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido. Pésame por el infierno que
merecí y por el cielo que perdí. Pero mucho más me pesa, porque pecando ofendí a
un Dios tan bueno y tan grande como Vos. Antes querría haber muerto que haberos
ofendido, y propongo firmemente no pecar más y evitar todas las ocasiones
próximas de pecado. Amén.
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Espíritu Santo
Ven, Espíritu
Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu
amor.
V. Envía, Señor,
tu Espíritu y serán creados.
R. Y renovarás la faz de la tierra.
Oremos. Dios, que
has iluminado los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo, danos
el gustar todo lo recto según el mismo Espíritu y gozar siempre de su consuelo.
Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
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Ángel de la Guarda
Ángel de Dios,
que eres mi custodio, ya que la soberana piedad me ha encomendado a ti,
ilumíname, guárdame, rígeme y gobiérname. Amén.
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Bendita sea tu pureza
Bendita sea tu
pureza,
y eternamente lo sea,
pues todo un Dios se recrea
en tan graciosa belleza.
A ti, celestial Princesa,
Virgen sagrada María,
yo te ofrezco en este día
alma, vida y corazón;
mírame con compasión,
no me dejes, Madre mía.
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ORACIONES DE LA MAÑANA
+ Por la señal de la Santa Cruz, + de
nuestros enemigos + líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del
Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor y Dios mío, en quien creo, en quien
espero, a quien adoro y amo con todo mi corazón; te doy gracias por haberme
creado, redimido, hecho cristiano y por haberme conservado la vida en esta
noche.
Te ofrezco todos mis pensamientos, palabras,
obras y trabajos del presente día, a mayor honra y gloria tuya, en penitencia
por mis pecados y en sufragio de las almas del purgatorio.
Dame, Señor, tu gracia para que pueda
servirte fielmente en este día, y me vea libre de todo pecado y de todo mal.
Amén.
Padre nuestro...
Dios te salve, María...
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ORACIONES
DE LA NOCHE
Señor y Dios mío, en quien creo, en quien
espero, a quien amo más que a todas las cosas, te doy gracias por haberme
creado, redimido, hecho cristiano y conservado en este día. Dame luz y gracia
para conocer mis pecados y arrepentirme de ellos.
Te adoro, Dios mío, postrado con profunda
humildad ante tu presencia soberana. Creo en ti, porque eres Verdad infalible.
Espero en ti, porque eres Bondad infinita, fiel a tus promesas. Te amo con todo
mi corazón, porque eres sumamente amable, y amo a mi prójimo como a mí mismo por
amor a ti.
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ORACIÓN AL SAGRADO CORAZÓN
Oh Jesús mío, por medio del Corazón Inmaculado de María Santísima, te ofrezco las oraciones, obras y trabajos del presente día, para reparar las ofensas que se te hacen y por las demás intenciones de tu Sagrado Corazón.
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ORACIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN
Oh Señora mía, oh Madre mía, yo me ofrezco del todo a ti, y en prueba de mi filial afecto, te consagro en este día, mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón, en una palabra, todo mi ser. Ya que soy del todo tuyo, oh Madre de bondad, guárdame y defiéndeme como cosa y posesión tuya. Amén.
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Si bien el origen del rosario se remonta casi hasta el año 800, con el paso del tiempo ha ido cambiando hasta llegar a la manera en cómo la rezamos hoy en día.
En un inicio constaba de quince “misterios” que recordaban momentos (gozosos, dolorosos y gloriosos) de la vida de Jesús y de María. En el año 2002 san Juan Pablo II añadió los misterios luminosos que permiten meditar sobre la vida pública de Jesús.
Este nos invita a hacer una hermosa meditación sobre la vida de Jesús y de Santa María. Solos o acompañados podemos ofrecer nuestra oración por muchas intenciones pidiendo la intercesión de Nuestra Madre.
CÓMO REZAR EL ROSARIO: 1. La señal de la cruz.
2. El enunciado del misterio.
3. La escucha de la Palabra de Dios.
4. El silencio.
5. El Padrenuestro.
6. Las 10 Ave María.
7. Gloria.
8. La Jaculatoria.

1. La señal de la cruz
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
2. El enunciado del misterio
Las palabras conducen a la imaginación y el espíritu a un determinado momento de la vida de Cristo. Por medio de su realidad humana, entramos en contacto con su misterio divino.
3. La escucha de la Palabra de Dios
Para dar fundamento bíblico y mayor profundidad a la meditación, es útil que al enunciado del misterio siga la proclamación del pasaje bíblico correspondiente, que puede ser más o menos largo según las circunstancias. En efecto, otras palabras nunca tienen la eficacia de la palabra inspirada. Ésta debe ser escuchada con la certeza de que es Palabra de Dios, pronunciada para hoy y «para mí». No, no se trata de recordar una información, sino de dejar 'hablar' a Dios.
4. El silencio
La escucha y la meditación se alimentan del silencio. Es conveniente que, después de enunciar el misterio y proclamar la Palabra, esperemos unos momentos antes de iniciar la oración vocal, para fijar la atención sobre el misterio meditado.
5. El Padrenuestro
Después de haber escuchado la Palabra y centrado la atención en el misterio, es natural que el ánimo se eleve hacia el Padre. Jesús, en cada uno de sus misterios, nos lleva siempre al Padre, al cual Él se dirige continuamente, porque descansa en su 'seno' (cf Jn 1, 18). Él nos quiere introducir en la intimidad del Padre para que digamos con Él: «¡Abbá, Padre!» (Rm 8, 15; Ga 4, 6). En esta relación con el Padre nos hace hermanos suyos y entre nosotros, comunicándonos el Espíritu, que es a la vez suyo y del Padre.
6. Las 10 Ave María
La repetición del Ave María constituye el tejido sobre el cual se desarrolla la contemplación de los misterios.
La primera parte del Ave Maria, tomada de las palabras dirigidas a María por el ángel Gabriel y por santa Isabel, es contemplación adorante del misterio que se realiza en la Virgen de Nazaret. Repetir en el Rosario el Ave Maria nos acerca a la complacencia de Dios: es júbilo, asombro, reconocimiento del milagro más grande de la historia. El centro del Ave Maria, es el nombre de Jesús. Y De la especial relación con Cristo, que hace de María la Madre de Dios, deriva, además, la fuerza de la súplica con la que nos dirigimos a Ella en la segunda parte de la oración, confiando a su materna intercesión nuestra vida y la hora de nuestra muerte.
7. Gloria
El Gloria nos acerca a la meta de la contemplación cristiana. En efecto, Cristo es el camino que nos conduce al Padre en el Espíritu. Si recorremos este camino hasta el final, nos encontramos continuamente ante el misterio de las tres Personas divinas que se han de alabar, adorar y agradecer.
8. La Jaculatoria
Las "Jaculatorias" son breves oraciones que nos permiten tener a Dios en nuestro corazón.
Habitualmente después del Gloria sigue una jaculatoria, que varía según las costumbres. parece oportuno señalar que la contemplación de los misterios puede expresar mejor toda su fecundidad si se procura que cada misterio concluya con una oración dirigida a alcanzar los frutos específicos de la meditación del misterio. De este modo, el Rosario puede expresar con mayor eficacia su relación con la vida cristiana. Lo sugiere una bella oración litúrgica, que nos invita a pedir que, meditando los misterios del Rosario, lleguemos a «imitar lo que contienen y a conseguir lo que prometen.
* LOS MISTERIOS DEL ROSARIO:
MISTERIOS GOZOSOS (lunes y sábado)Primer Misterio Gozoso: La Encarnación del Hijo de Dios «Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; el nombre de la virgen era María» (Lc 1,26-27).
«La anunciación de María inaugura la plenitud de "los tiempos" (Gál 4,4), es decir, el cumplimiento de las promesas y de los preparativos» (CIC, 484).
Después de una breve pausa de reflexión, un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria
Segundo Misterio Gozoso: La Visitación de Nuestra Señora a su prima Santa Isabel
«En aquellos días María se puso en camino y fue aprisa a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.
Y sucedió que, en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo; y exclamando a voz en grito, dijo: "Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno"» (Lc 1, 39-42)
«La "visitación" de María a Isabel se convirtió así en visita de Dios a su pueblo» (CIC, 717)
Después de una breve pausa de reflexión, un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria.
Tercer Misterio Gozoso: El Nacimiento del Hijo de Dios en el portal de Belén
«Sucedió que por aquellos días salió un edicto de César Augusto ordenando que se empadronase todo el mundo. Este primer empadronamiento tuvo lugar siendo Cirino gobernador de Siria. Iban todos a empadronarse, cada uno a su ciudad.
Subió también José desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser él de la casa y familia de David, para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta. Y sucedió que, mientras ellos estaban allí, se le cumplieron los días del alumbramiento, y dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento» (Lc 2,1-7).
«Jesús nació en la humildad de un establo, de una familia pobre (cf. Lc 2, 6-7); unos sencillos pastores son los primeros testigos del acontecimiento. En esta pobreza se manifiesta la gloria del cielo» (CIC, 525).
Después de una breve pausa de reflexión, un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria.
Cuarto Misterio Gozoso: La presentación de Jesús en el Templo.
«Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidarle, se le dio el nombre de Jesús, como lo había llamado el ángel antes de ser concebido en el seno. Cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, como está escrito en la Ley del Señor: Todo varón primogénito será consagrado al Señor y para ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o dos pichones, conforme a lo que se dice en la Ley del Señor» (Lc 2, 21-24).
«La circuncisión de Jesús, al octavo día de su nacimiento, es señal de su inserción en la descendencia de Abraham, en el pueblo de la Alianza, de su sometimiento a la Ley» (CIC, 527).
Después de una breve pausa de reflexión, un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria
Quinto Misterio Gozoso: El Niño Jesús perdido y hallado en el Templo
«Sus padres iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua. Cuando tuvo doce años, subieron ellos como de costumbre a la fiesta y, al volverse, pasados los días, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo sus padres...
Y sucedió que al cabo de tres días, le encontraron en el Templo sentado en medio de los maestros, escuchándoles y preguntándoles; todos los que le oían, estaban estupefactos por su inteligencia y sus respuestas» (Lc 2, 41-47)
«El hallazgo de Jesús en el Templo es el único suceso que rompe el silencio de los Evangelios sobre los años ocultos de Jesús. Jesús deja entrever en ello el misterio de su consagración total a una misión derivada de su filiación divina: "¿No sabíais que me debo a los asuntos de mi Padre?" » (CIC, 534).
Después de una breve pausa de reflexión, un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria
MISTERIOS DOLOROSOS (martes y viernes)Primer Misterio Doloroso: La oración en el Huerto
«Entonces Jesús fue con ellos a un huerto, llamado Getsemaní, y dijo a sus discípulos: "Sentaos aquí mientras voy a orar". Y tomando consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a sentir tristeza y angustia. Entonces les dijo: "Mi alma está triste hasta el punto de morir; quedaos aquí y velad conmigo". Y adelantándose un poco, cayó rostro en tierra, y suplicaba así: "Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa, pero no sea como yo quiero, sino como quieras tú"» (Mt 26, 36-39).
«Este combate y esta victoria sólo son posibles con la oración. Por medio de su oración, Jesús es vencedor del Tentador, desde el principio y en el último combate de su agonía» (CIC, 2.849)
Después de una breve pausa de reflexión, un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria.
Segundo Misterio Doloroso: La flagelación de Jesús atado a la columna
«Pilato entonces tomó a Jesús y mandó azotarle. Los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y le vistieron un manto de púrpura; y, acercándose a él, le decían: "Salve, Rey de los judíos". Y le daban bofetadas» (Jn 19,1-3).
«Los padecimientos de Jesús han tomado un forma histórica concreta por el hecho de haber sido "reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas" (Mc 8, 31), que lo "entregaron a los gentiles, para burlarse de él, azotarle y crucificarle" (Mt, 20, 19)» (CIC, 572).
Después de una breve pausa de reflexión, un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria.
Tercer Misterio Doloroso: La coronación de espinas
«Entonces los soldados del procurador llevaron consigo a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la cohorte. Lo desnudaron y le echaron encima un manto de púrpura y, trenzando una corona de espinas, se la pusieron sobre la cabeza, y en su mano derecha una caña, y doblando la rodilla delante de él, le hacían burla diciendo: "Salve, Rey de los judío"». (Mt 27, 27-29)
«El amor hasta el extremo es el que confiere su valor de redención y de reparación, de expiación y de satisfacción al sacrificio de Cristo. Nos ha conocido y amado a todos en la ofrenda de su vida» (CIC, 616).
Después de una breve pausa de reflexión, un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria.
Cuarto Misterio Doloroso: Jesús con la Cruz a cuestas camino del Calvario
«Y obligaron a uno que pasaba, a Simón de Cirene, que volvía del campo, el padre de Alejandro y de Rufo, a que llevara su cruz. Lo condujeron al lugar del Gólgota, que quiere decir de la "Calavera"» (Mc 15, 21-22).
«Al aceptar en su voluntad humana que se haga la voluntad del Padre, acepta su muerte como redentora para "llevar nuestras faltas en su cuerpo sobre el madero" (1P 2, 24)» (CIC, 612).
Después de una breve pausa de reflexión, un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria.
Quinto Misterio Doloroso: La crucifixión y muerte de Jesús
«Llegados al lugar llamado "La Calavera", le crucificaron allí a él y a los dos malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Jesús decía: "Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen"... Era ya eso de mediodía cuando, al eclipsarse el sol, hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la media tarde. El velo del Santuario se rasgó por medio y Jesús, dando un fuerte grito dijo: "Padre, en tus manos pongo mis espíritu" y, dicho esto, expiró» (Lc 23, 33-46).
«"Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras" (1Cor 15, 3)» (CIC, 619).
Después de una breve pausa de reflexión, un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria.
MISTERIOS GLORIOSOS (miércoles y domingo)Primer Misterio Glorioso: La resurrección del Hijo de Dios
«El primer día de la semana, muy de mañana, fueron al sepulcro llevando los aromas que habían preparado. Pero encontraron que la piedra había sido retirada del sepulcro, y entraron, pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. No sabían que pensar de esto, cuando se presentaron ante ellas dos hombres con vestidos resplandecientes. Ellas, despavoridas, miraban al suelo, y ellos les dijeron: "¿Por qué buscáis ente los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado"» (Lc 24, 1-6).
«"Si no resucitó Cristo, vana es nuestra predicación, vana también vuestra fe" (1Cor 15, 14). La Resurrección constituye ante todo la confirmación de todo lo que Cristo hizo y enseñó» (CIC, 651).
Después de una breve pausa de reflexión, un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria.
Segundo Misterio Glorioso: La Ascensión del Señor al cielo
«El Señor Jesús, después de hablarles, ascendió al cielo y se sentó a la derecha de Dios» (Mc 16, 19).
«Esta última etapa permanece estrechamente unida a la primera, es decir, a la bajada desde el cielo realizada en la Encarnación. Sólo el que "salió del Padre" puede volver al Padre: Cristo» (CIC, 661).
Después de una breve pausa de reflexión, un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria.
Tercer Misterio Glorioso: La venida del Espíritu Santo
«Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar. De repente vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso, que llenó toda la casa en la que se encontraban. Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos; quedaron todos llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse» (Hch 2, 1-4).
«"Espíritu Santo", tal es el nombre propio de Aquél que adoramos y glorificamos con el Padre y el Hijo. La Iglesia ha recibido este nombre del Señor y lo profesa en el Bautismo de sus nuevos hijos» (CIC, 691).
Después de una breve pausa de reflexión, un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria.
Cuarto Misterio Glorioso: La Asunción de María al cielo
«Todas las generaciones me llamarán bienaventurada porque el Señor ha hecho obras grandes en mí» (Lc 1, 48-49).
«La Santísima Virgen María, cumplido el curso de su vida terrena, fue llevada en cuerpo y alma a la gloria del cielo, en donde ella participa ya en la gloria de la resurrección de su Hijo, anticipando la resurrección de todos los miembros de su Cuerpo» (CIC, 974).
Después de una breve pausa de reflexión, un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria.
Quinto Misterio Glorioso: La coronación de María como Reina y Señora de todo lo creado
«Una gran señal apareció en el cielo: una mujer, vestida de sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza» (Ap 12, 1).
«Finalmente, la Virgen inmaculada, preservada libre de toda mancha de pecado original, terminado el curso de su vida en la tierra, fue llevada a la gloria del cielo y elevada al trono por el Señor como Reina del universo, para ser conformada más plenamente a su Hijo, Señor de los Señores y vencedor del pecado y de la muerte» (CIC, 966).
Después de una breve pausa de reflexión, un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria.
MISTERIOS LUMINOSOS (jueves)
Primer Misterio Luminoso: El Bautismo en el Jordán
«Bautizado Jesús, salió luego del agua; y en esto se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba en forma de paloma y venía sobre él. Y una voz que salía de los cielos decía: "Este es mi Hijo amado, en quien me complazco"». (Mt 3,16-17)
«El comienzo de la vida pública de Jesús es su bautismo por Juan en el Jordán. Juan proclamaba "un bautismo de conversión para el perdón de los pecados" (Lc 3, 3)» (CIC, 535).
Después de una breve pausa de reflexión, un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria
Segundo Misterio Luminoso: Las bodas de Caná
«Tres días después se celebraba una boda en Caná de Galilea y estaba allí la madre de Jesús. Fue invitado también a la boda Jesús con sus discípulos. Y, como faltara vino, porque se había acabado el vino de la boda, le dice a Jesús su madre: "No tienen vino". Jesús le responde: "¿Qué tengo yo contigo, mujer? Todavía no ha llegado mi hora". Dice su madre a los sirvientes: "Haced lo que él os diga"». (Jn 2, 1-5).
«En el umbral de su vida pública, Jesús realiza su primer signo -a petición de su Madre- con ocasión de un banquete de boda. La Iglesia concede una gran importancia a la presencia de Jesús en las bodas de Caná. Ve en ella la confirmación de la bondad del matrimonio y el anuncio de que en adelante el matrimonio será un signo eficaz de la presencia de Cristo» (CIC, 1.613).
Después de una breve pausa de reflexión, un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria.
Tercer Misterio Luminoso: El anuncio del Reino de Dios
"El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en el Evangelio". (Mc 1, 15)
"Todos los hombres están llamados a entrar en el Reino. Anunciado en primer lugar a los hijos de Israel, este reino mesiánico está destinado a acoger a los hombres de todas las naciones" (CIC, 543).
Después de una breve pausa de reflexión, un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria.
Cuarto Misterio Luminoso: La Transfiguración
«Seis días después, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos: su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz» (Mt 17, 1-2).
«Por un instante, Jesús muestra su gloria divina, confirmando así la confesión de Pedro. Muestra también que para "entrar en su gloria" (Lc 24, 26), es necesario pasar por la Cruz en Jerusalén» (CIC, 555).
Después de una breve pausa de reflexión, un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria.
Quinto Misterio Luminoso: La institución de la Eucaristía
«Mientras estaban comiendo, tomó Jesús pan y lo bendijo, lo partió y, dándoselo a sus discípulos, dijo: "Tomad, comed, éste es mi cuerpo"» (Mt 26, 26).
«Al celebrar la última Cena con sus apóstoles en el transcurso del banquete pascual, Jesús dio su sentido definitivo a la pascua judía. En efecto, el paso de Jesús a su Padre por su muerte y su resurrección, la Pascua nueva, es anticipada en la Cena y celebrada en la Eucaristía que da cumplimiento a la pascua judía y anticipa la pascua final de la Iglesia en la gloria del Reino» (CIC, 1.341).
Después de una breve pausa de reflexión, un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria.
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Para rezar una decena del rosario o un decenario, se realiza la Señal de la Cruz, se reza un Padre Nuestro, diez Ave Marías, y un Gloria al Padre. Después de anunciar el misterio del rosario del día, se reflexiona sobre él mientras se recitan las diez Avemarías.
¿POR QUÉ REZAR UNA DECENA?
Rezar una decena es una forma de integrarse en la devoción del Santo Rosario, incluso en medio de una vida ocupada. Puedes llevar un pequeño decenario o pulsera para rezarlo en cualquier momento, como en un descanso en el trabajo o mientras viajas.
PASOS PARA REZAR UNA DECENA:
* Señal de la Cruz: Comienza haciendo la Señal de la Cruz en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
* Anunciar el Misterio: Anuncia el misterio del rosario que vas a meditar durante esa decena, por ejemplo, el primer misterio gozoso: "La Anunciación".
* Padre Nuestro: Reza un Padre Nuestro en la primera cuenta grande del decenario.
* Ave Marías: Reza una Ave María por cada una de las diez cuentas pequeñas, reflexionando en el misterio anunciado.
* Gloria al Padre: Al terminar las diez Avemarías, reza un Gloria al Padre.
* Jaculatoria (Opcional): Al finalizar cada decena, puedes rezar una jaculatoria, como la de Fátima: "Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno y lleva todas las almas al cielo, especialmente aquellas que están más necesitadas de tu Divina Misericordia".