VIDA CONSAGRADA

QUÉ ES LA VIDA CONSAGRADA


QUÉ TIENEN EN COMÚN TODAS LAS FORMAS DE CONSAGRACIÓN


¿CUÁL ES LA MISIÓN HOY?



QUÉ ES LA VIDA CONSAGRADA

La Vida Consagrada consiste en revelar el cuidado del amor y la misericordia de Dios en toda clase de lugares y circunstancias.
Gracias a la infinita creatividad del Espíritu Santo, la vida religiosa se compone de muchas comunidades, cada una con sus propias distinciones. Ellas reflejan las diversas formas en que los dones del Espíritu Santo se han derramado a lo largo de los siglos, ya sea en la contemplación silenciosa o proclamando el evangelio a las personas en los márgenes de la sociedad.
Los diferentes tipos de comunidades religiosas surgen de una rica historia de vida consagrada que se remonta a los primeros tiempos de la Iglesia.
Mencionaremos algunas de ellas:


LA VIDA MONÁSTICA
Dentro de la Iglesia primitiva había quienes vivían una vida contracultural de oración y comunidad en el desierto o fuera de una ciudad. Estas agrupaciones fueron el origen de lo que hoy se conoce como vida religiosa monástica. Los miembros de los institutos monásticos se llaman monjes y monjas. Llevan una vida contemplativa en que la oración y la vida en común son fundamentales, y realizan un trabajo o ministerio que se adapta a su forma de vida. Pueden estar recluidos o ser libres para ejercer su ministerio fuera del monasterio, pero viven “en estabilidad” a una comunidad monástica particular. Dentro de esta comunidad, observan tiempos regulares de oración comunitaria a lo largo del día, basados en los salmos y las oraciones que componen la práctica de oración de la Iglesia, llamada Oficio Divino, desde hace mucho tiempo.
Aunque no todos los monjes son Benedictinos, la mayoría sigue alguna forma de la Regla de San Benito, un texto escrito en el año 529 que describe las virtudes monásticas, como la obediencia y la humildad, y establece una pauta para la vida diaria.
Algunos ejemplos de comunidades monásticas son los Benedictinos, los Agustinos, los Norbertinos, las Monjas de la Visitación y los Brigidinos.


LA VIDA CONTEMPLATIVA ENCLAUSTRADA
Esta forma de vida es una variante de la forma monástica. Las comunidades de clausura mantienen la práctica de retirarse del “mundo” y del ministerio exterior para llevar una vida enteramente dedicada a la contemplación. Los miembros rara vez salen de la residencia de sus monasterios. Así es como lo describe un documento de la Iglesia de 1999 sobre la vida contemplativa, la naturaleza de las comunidades religiosas apostólicas es el amor y el servicio en nombre de la Iglesia. “De manera específica y radical, los contemplativos de clausura se asemejan a Cristo Jesús en la oración en la montaña y a su Misterio Pascual, que es la muerte para la resurrección... Su vida es un recordatorio para todo el pueblo cristiano de la vocación fundamental de todos de acercarse a Dios.”
Las monjas y los monjes contemplativos dedican períodos del día al silencio, la soledad, la Misa y el Oficio Divino. La mayoría también se dedica a trabajos in situ para mantenerse, como el cultivo de alimentos y la elaboración de panes de altar.
Ejemplos de monjes contemplativos de clausura son las Carmelitas Descalzas, las Clarisas, los Cistercienses, los Trapenses y varias comunidades de sacerdotes y monjas Benedictinas y Dominicos.


LA VIDA APOSTÓLICA
Un tercer grupo importante de vida consagrada son las congregaciones religiosas apostólicas, que se desarrollaron más tarde que los dos primeros grupos y comprenden la mayoría de los institutos religiosos. Los grupos apostólicos se centran en el ministerio exterior. Suelen ejercer la caridad tal y como se expresa en Mateo 25: dar de comer a los hambrientos, visitar a los enfermos y a los presos, acoger a los sin techo, enterrar a los muertos y vestir a los desnudos. La naturaleza de las comunidades religiosas apostólicas es el amor y el servicio en nombre de la Iglesia. Los dones, o carismas, que poseen estos religiosos difieren según las gracias que se le asignan a cada uno. Los administradores tienen el don de liderazgo, los profesores pueden impartir nuevos conocimientos, los predicadores tienen el don de la palabra movilizante, etc.
Para los miembros de estos institutos religiosos, el ministerio surge de una íntima unión con Dios, alimentada en la comunidad y la oración. Este amor se transmite a quienes sirven.
Algunos ejemplos de comunidades apostólicas son los Paulistas, los Jesuitas, los Vicentinos, las Hermanas de la Misericordia, las Hermanas de la Caridad, las Hermanas de San José, los Hermanos Cristianos, los Hermanos Alexianos, los Sacerdotes del Sagrado Corazón, la Congregación de la Santa Cruz, las Hermanas de la Providencia, las Hermanas de la Presentación, los Maristas y los Marianistas.


LA VIDA MISIONERA
El cuarto grupo principal de vida consagrada son los institutos religiosos misioneros. Estos institutos están comprometidos con la proclamación del Evangelio, siguiendo estrictamente el mandato de Jesús: “Vayan por todo el mundo y anuncien el Evangelio a toda criatura” (Marcos 16:15). En consonancia con su vocación de evangelización, los misioneros y misioneras suelen dedicar su vida a proyectos humanitarios en diferentes países, zonas marginadas o entre personas no evangelizadas, respetando la diversidad de culturas, razas y tradiciones de fe. La vocación misionera puede implicar la toma de riesgos, a veces proclamando el evangelio en entornos difíciles.
Algunos ejemplos de institutos misioneros son los Misioneros del Verbo Divino, los Maryknolls, los Espiritanos, los Misioneros de la Preciosa Sangre, los Combonianos y los Columbanos.


VÍRGENES CONSAGRADAS
El Derecho canónico establece que es una forma semejante a la vida consagrada, pero sin igualarlo, ya que no realizan los votos de pobreza, castidad y obediencia, sino que hacen de la virginidad una forma de consagración. Estas personas hacen de su vida dentro del mundo un testimonio vivo del amor de Dios a la humanidad, al dedicarse por entero al servicio de la Iglesia.
Pueden elegir vivir en comunidad apara ayudarse mejor en la vivencia de su consagración, pero no es éste un requisito indispensable para esta forma de vida consagrada. Estas mujeres se dedican a la oración, la penitencia, el servicio a los hermanos y el trabajo apostólico según el estado y los carismas respectivos ofrecidos a cada una de ellas.
En la actualidad hay más de 250 vírgenes consagradas en nuestro país, y el 5 de mayo de 1973 se realizaron las primeras consagraciones en Argentina, marcando también las primeras en América Latina y el Caribe.



LAICOS CONSAGRADOS
Los laicos consagrados son personas que sin ser sacerdotes se sienten llamadas a una consagración esponsal a Dios, y para responder y estar totalmente disponibles se vinculan a los consejos evangélicos de pobreza, obediencia y castidad, habiendo formalizado su consagración con su obispo.
El papa san Juan Pablo II explicó: los laicos consagrados pretenden conservar y consolidar su adhesión al título de laico, en cuanto que quieren ser y afirmarse como miembros del pueblo de Dios, de acuerdo con el origen del término laico (de laòs=pueblo), y dar testimonio de su pertenencia sin separarse de sus hermanos ni siquiera en la vida civil”.

Un joven laico consagrado explica que: “lo que se llama vida consagrada no creo que sea un nivel distinto, superior, que te acerque más a Dios; lo que es distinto es la llamada: el camino de santidad o el proyecto de Dios para cada uno”.
“Lo verdaderamente importante es la entrega, la salida de uno mismo, la donación de ser… –añade-. Esto es lo que hace que una vida sea “consagrada”. ¡El amor, al fin y al cabo!
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Es útil saber que hay otros grupos, formas de Vida Consagrada, y algunos grupos son un híbrido de dos o más de estos que describimos arriba.

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La Eucaristía es el corazón de la vida consagrada. Es el sacramento que representa la comunión nupcial entre Dios y el ser humano. Durante la Eucaristía, los consagrados abrazan a Dios y encuentran la fuerza para seguir a Cristo. Se convierten en pan partido para la vida del mundo.

Además de la eucaristía, la oración es fundamental para la consagración. Es un momento imprescindible para la intimidad con Jesús. El amor hacia él, impulsa a contemplar su vida y seguir sus pasos. De hecho, la intimidad con Cristo es el deseo más profundo de los consagrados, quienes colaboran con la misión de la Iglesia de diferentes formas. Su vida es entregada al Señor para beneficio de la humanidad.

También María es un ejemplo de fe y fidelidad para las personas consagradas. Su virginidad representa la confianza en Dios y su disponibilidad y oración en situaciones dolorosas. El amor entre los consagrados es un signo de su discipulado, y la acogida del Espíritu Santo crea comunión y unidad entre ellos. Por eso, ésta y el bien de la Iglesia son prioridades para los consagrados. Ellos deben velar por la unidad de la Iglesia a pesar de las adversidades.

En el presente de la Iglesia, la vida consagrada tiene también una misión imprescindible. A menudo se dice que el mundo actual no parece tener un gran interés por la religión y por el anuncio del Evangelio. Sin embargo, recordar los comienzos de este anuncio, nos ayuda a superar este desaliento: sólo 12 apóstoles y un grupo de discípulos llevaron el Evangelio a todo el mundo.

Evangelizar a los jóvenes es una urgencia: a menudo, los jóvenes se sienten solos y algunos sin sentido en sus vidas, por lo tanto necesitan ayuda para encontrar el centro de su existencia y construir su identidad.
Ellos buscan esperanza y una vida mejor, y el Evangelio, les ofrece esto y mucho más. He aquí dónde está la tarea de la Iglesia: estar disponible para escucharlos y responderles. Mostrarles el amor de Jesús a través de la fe.

Anunciar a Cristo en la era digital es un reto de la Iglesia. Se trata de jóvenes hiperconectados, pero a la vez muy sedientos de amistad, de relaciones profundas y de encuentros verdaderos. "Hay que ayudarlos para que el resplandor de la juventud, no se apague en la oscuridad de una habitación con un mero ordenador", nos decía el Papa Francisco.
Se trata de entrar en el areópago moderno, en el mundo digital. Que exista un estilo cristiano de presencia en este ambiente es un reto que afrontamos todos juntos en la Iglesia. Por eso, gracias a la red, el testimonio cristiano puede alcanzar las periferias para anunciar el evangelio y encender los corazones con la luz.

Pero al mismo tiempo tenemos que mantener relaciones humanas. La vida que Dios nos regala, no es una salvación colgada en la nube para descargar. Es una invitación a formar parte de una historia de amor. Una historia de vida que quiere mezclarse con la tuya y echar raíces en la tierra de cada uno.

En un mundo frío y desencantado, donde las personas pasan unas junto a otras como viajeros, es necesario que el amor tome carne. Es importante llevar el amor tierno de Jesús. Es esencial hacer presente a Cristo, especialmente en la vida consagrada, donde se debe manifestar con el don recibido. La encarnación de Dios en Jesús, es el corazón del cristianismo.

En esta labor, los consagrados no pueden guardarse para sí mismos la dicha del don que han recibido. Se ha de manifestar el don no como quienes lo poseen todo, sino como quien solo tiene para ofrecer el secreto más profundo de su alegría: el Señor Jesús.

El Señor no tiene otros labios, otras palabras, otras manos, otros pies que los nuestros para llevar su amor hasta los confines del mundo.


Mientras te informas sobre estas diferentes formas de vida consagrada, recorda que: 



El Señor nos llama a cada uno por nuestro nombre,

te invita a buscar la forma de vida 
que mejor hable a tu corazón y a tus talentos. 

¡No tengas miedo de entregarlo todo al Señor! 

Y recorda que Dios no llama a quienes están calificados, 
sino que Dios da cualidades a los que son llamados.