Los sacramentos son signos eficaces de la gracia
instituidos por Cristo y confiados a la Iglesia, a través de los cuales se
dispensa la vida divina. En otras palabras, son acciones sagradas que
hacen presente la gracia de Dios en la vida de los creyentes y son medios para
la salvación. (Documento de Puebla)
Los sacramentos son signos visibles de la gracia invisible
de Dios, que ayudan a los fieles a vivir una vida cristiana plena y a crecer en
santidad.
Los sacramentos son siete:
Es el primero de los tres “Sacramentos de la Iniciación
Cristiana”. Es el fundamento de toda la vida cristiana, la puerta que abre el
acceso a los otros sacramentos. Por él somos incorporados a la Iglesia y hechos
partícipes de su misión. Es el Sacramento que nos da la gracia y el carácter de
ser cristianos.
La Sagrada Comunión es la presencia de
Jesucristo en la Eucaristía, donde le
recibimos sacramentado bajo las especies del pan y del vino.
Es el mismo Jesucristo vivo, con su cuerpo,
sangre, alma y divinidad.
Es un encuentro con Él personalmente, quedándose
de esta manera, entre nosotros por amor.
Se le recibe en esta Sagrada Comunión,
haciéndose alimento para nuestras almas, aumentando la gracia y
dándonos la vida eterna.
"Yo soy el pan
vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre, y el pan
que yo le voy a dar es mi carne por la vida del mundo". (Jn 6, 51).
Con el Bautismo y la Eucaristía, el sacramento de la
Confirmación constituye el conjunto de los "sacramentos de la iniciación
cristiana".
La Confirmación otorga crecimiento y profundidad a la gracia
bautismal: nos introduce más profundamente en la filiación divina que nos hace
decir "Abbá, Padre"; nos une
más firmemente a Cristo; aumenta en nosotros los dones del Espíritu Santo; hace
más perfecto nuestro vínculo con la Iglesia; nos concede una fuerza especial
del Espíritu Santo para difundir y defender la fe mediante la palabra y las
obras como verdaderos testigos de Cristo, para confesar valientemente el nombre
de Cristo y para no sentir jamás vergüenza de la cruz.
Los siete dones
del Espíritu Santo son:
Don de
Ciencia, es el don del Espíritu Santo que nos permite
acceder al conocimiento. Es la luz invocada por el cristiano para sostener la
fe del bautismo.
Don de
Consejo, saber decidir con acierto, aconsejar a los
otros fácilmente y en el momento necesario conforme a la voluntad de Dios.
Don de
Fortaleza, es el don que el Espíritu Santo concede al
fiel, ayuda en la perseverancia, es una fuerza sobrenatural.
Don de
Inteligencia, es el del Espíritu Santo que nos lleva al
camino de la contemplación, camino para acercarse a Dios.
Don de
Piedad, el corazón del cristiano no debe ser ni frío
ni indiferente. El calor en la fe y el cumplimiento del bien es el don de la
piedad, que el Espíritu Santo derrama en las almas.
Don de
Sabiduría, es concedido por el Espíritu Santo que nos
permite apreciar lo que vemos, lo que presentimos de la obra divina.
Don de Temor, es el don que nos salva del orgullo,
sabiendo que lo debemos todo a la misericordia divina.
Es una de las cuestiones centrales en la vida de una persona
porque todos queremos y necesitamos amar de verdad pero muchas veces nos
cuesta, no sabemos o no lo hacemos. Muchas veces con nuestras palabras, gestos
y actitudes generamos peleas, divisiones, lastimamos al otro quedando nuestro
corazón lleno de tristeza y amargura. ¿Quién no se encontró alguna vez
necesitado de perdón?
¿A quién no le ha costado alguna vez perdonar? Sin embargo,
hay veces que luchamos toda la vida contra algún conflicto respecto del perdón
o llevamos con nosotros mismos la carga más pesada que impide perdonar: el
rencor, la venganza, el odio.
Es el animarme a reconciliarme con Dios, mis hermanos o
conmigo mismo el que me ayuda a levantar la cabeza, sanar mi corazón y caminar
de una manera nueva.
Es una alianza de amor entre un hombre y una mujer, que se
unen con un vínculo de comunión, delante de Jesús. Es fuente de gracia para la
vida matrimonial.
El Matrimonio constituye una “íntima comunidad de
vida y amor conyugal”. Esta comunidad “se establece con la alianza
del matrimonio, es decir, con un consentimiento personal e
irrevocable”. Los dos se dan definitiva y totalmente el uno al otro. Ya no
son dos, ahora forman una sola carne.
Es el sacramento que facilita la Iglesia para acompañar a
los cristianos en estado de enfermedad grave o ancianidad.
¿Quiénes lo pueden recibir?
Antes se llamaba «extremaunción» ya que solo se impartía a los enfermos cerca
de la muerte. Desde el Concilio Vaticano II, este sacramento puede ser recibido
por cualquier persona que esté bautizada y tenga una enfermedad importante o
que por causa de la edad sienta que declinan sus fuerzas.
El Orden Sacerdotal es un sacramento que, por la imposición
de las manos del Obispo, y sus palabras, hace sacerdotes a los hombres
bautizados, y les da poder para perdonar los pecados y convertir el pan y el
vino en el Cuerpo y en la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo.
El sacramento del orden lo reciben aquellos que se sienten
llamados por Dios a ser sacerdotes para dedicarse a la salvación eterna de sus
hermanos: hombres y mujeres. Esta ocupación es la más grande de la Tierra, pues
los frutos de sus trabajos no acaban en este mundo, sino que son eternos.
El sacerdote es, ante todo, un servidor de los demás. Al
reunir a la comunidad, modelar el amor de Cristo por los pobres, presidir la
Eucaristía y evangelizar las realidades sociales, los ministros ordenados
ayudan a los cristianos a imitar la misión de Cristo de amor y justicia.
SACRAMENTOS







